Religiosas de la Asunción de Centroamérica y Cuba

Contemplativas en la acción

“La Palabra se hizo carne y puso su morada
entre nosotros y hemos visto su gloria.” Jn 1,14.

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Ser contemplativas en la acción significa, para nosotras, tener “la mirada fija en Jesucristo y la extensión de su Reino” (MME). Su mirada nos lleva al mundo, a las realidades que nos rodean, a las personas para verlas desde Él y como Él: mirada crítica y llena de ternura para entrar en esa realidad y transformarla por los valores del Evangelio. Hacer presente su Reino de Justicia, Paz y Amor no es quedarse mirando, es actuar como Él actuó. “Mirando a Cristo aprendemos a amar.” (MME)

El cosmos, la naturaleza, el quehacer cotidiano se llena de una Presencia que nos habla, descubrimos a Dios actuando en ella y llamándonos a coparticipar en su creación.

“Créeme mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén, adorarán al Padre… llega la hora en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad…” (Jn 4, 21-23). Nuestra contemplación traspasa el ámbito de la capilla o el templo; es ver y contemplar las maravillas de Dios en la naturaleza, en las personas, en los acontecimientos. Descubrir a Dios ahí presente y adorarlo; llenarnos de la presencia de Cristo que invada nuestro ser contemplativo. “Ya no vivo yo, es Cristo, quien vive en mí” (San Pablo).

Nos encontramos con Él en la oración, que no se trata de un tiempo fijado, sino de una oración constante a lo largo del día. Madre María Eugenia, en el atardecer de su vida pedía la gracia de “una oración continua”. En la liturgia bebemos del “manantial” de esa agua que calma nuestra sed y nos lleva a compartirla a los otros. La Eucaristía nos alimenta y llevamos a la adoración al Santísimo las realidades contempladas, las alegrías, los sufrimientos, los problemas, los conflictos… para que Él los transforme.

“Estamos llamadas  ser  contemplativas, que leen e interpretan la realidad desde la perspectiva del proyecto se Dios y a los que ninguna realidad humana les es indiferente” (Orientaciones Cap. Gral. 2012).

“Necesitamos encuentros vitales, recreados en la fidelidad a la Palabra, acogida en la acción de gracias y con la admiración de un corazón seducido por la Belleza de nuestro Dios, siempre nuevo” (Folleto Ntra. Vida Religiosa Asunción por…)

Una vida interior profunda, habitada por la Trinidad. Llamadas a ser mujeres “místicas” en nuestro mundo roto que tiene sed de Dios, donde las personas descubran una Presencia que les interroga, les interpela. Nuestra identidad es ser contemplativas.

La vida, la historia, los acontecimientos que  veces nos sobrepasan y nos abruman, nos llevan a ser adoradoras del Misterio en la realidad que nos rodea y vivimos. “Amar es comprender. Necesitamos comprender –contemplativamente- nuestro signo para tener influencia en él”. (MME)

Nuestro ejemplo y modelo es María, la Madre de Dios y Madre nuestra, que sabía guardar todas las cosas en su corazón sin a veces comprender, pero que sabía adorar la voluntad de Dios en ella, en la vida de su Hijo, en los acontecimientos, siempre atenta a las necesidades de los otros (Lc 1, 39-40), (Lc 2, 19), (Jn 2, 3-5).