Religiosas de la Asunción de Centroamérica y Cuba

Discernir y Celebrar

“La tierra es un lugar de gloria para Dios”

Santa María Eugenia, una mujer de fe profunda, tenía los pies bien puestos en la tierra, creía firmemente que la “Tierra es un lugar de gloria para Dios”.  Pero, la Tierra no es solamente un lugar en donde estamos llamadas a dar gloria a Dios, sino, también en donde se manifiesta incesantemente, la gloria de Dios, es decir, su cercanía, su presencia liberadora y amorosa.   ¿Cómo reconocer esta presencia en medio de tantas crisis, muerte, violencia, sin sentido, injusticia y desolación que afecta a nuestro mundo?

“El Misterio de la Encarnación nos invita a hacer la experiencia de la presencia activa de Dios en nuestra historia humana y en el cosmos, a reconocer la actividad del Espíritu creador en nuestra vida diaria y a colaborar con ella.”[1]

mme drawing (8)Siguiendo la pasión y la intuición de María Eugenia buscamos incansablemente los signos que nos revelan la presencia del Dios encarnado en nuestra Historia, su acción que nos sigue liberando de la muerte y la opresión.    Pero, el Reino, nos dice Jesús, se parece a “el grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su campo.  Es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece, se hace más grande que las plantas de huerto.”[2]   Es por eso, que se hace imprescindible, discernir, es decir, distinguir la manifestación de la acción de Dios en nuestra vida diaria y en la Historia, “reconocer la humilde y lenta germinación del Reino”[3], disponernos y comprometernos en la realización de su voluntad, en seguimiento y al estilo de Jesús.

Nuestra vida de oración personal y comunitaria nos prepara para estar “atentas a Dios a través del signo con que se nos manifiesta en el momento presente.” (R.V. 69)  Así como, para reconocer la influencia del mal espíritu que nos desconecta de la Vida y nos lleva a romper la comunión y la armonía con Dios, con nosotras mismas y los demás.

 Por esta razón, la Liturgia tiene un lugar tan importante en nuestra vida, desde los orígenes de nuestra Congregación:

 “El misterio del Verbo Encarnado es el sentido y la razón de ser de nuestra Congregación.  Ahora bien, este misterio se revela y se celebra, se actualiza y se comunica en la Liturgia.  A través de la Liturgia, pues, toda nuestra vida se concentra y se centra en torno a ese misterio y se ofrece en homenaje.  Toda nuestra vida se convierte en adoración a Dios que se nos entrega en su Verbo y en su Espíritu en la Liturgia misma.”[4]

La Eucaristía diaria y el rezo del Oficio Divino nos mantienen en comunión con toda la Iglesia que celebra el Misterio de nuestra salvación.  Nos impulsa a vivir en constante acción de gracias porque Dios dio un nuevo rumbo a nuestra Historia con su encarnación, muerte y resurrección. Nos permite expresar la alegría profunda de reconocer este Misterio que “se nos viene nuevo en los rostros y en las realidades del camino, acogiendo las gozosas e insondables sorpresas del Espíritu.”[5]

Celebrar, pues, es atrevernos a afirmar que otro mundo está naciendo; es comprometernos con el nacimiento de ese nuevo mundo.   Es “anunciar la vida que nace”[6], es mirar la realidad con los ojos de Dios, confiando en su sueño creador.  Es “ser un canto incesante de alabanza y gratitud”[7], entregando toda nuestra vida en la extensión del Reino.

 


[1] “Nuestra Vida contemplativa, una manera de ser y estar en el mundo”. (Pág.1)

[2] Mt.13, 31-32

[3] “Nuestra Vida contemplativa, una manera de ser y estar en el mundo”. (Pág.1)

[4] “Carta sobre la Liturgia en la Asunción”. I Parte.  (Pág. 5).

[5] “Nuestra Vida Religiosa Asunción por caminos de comunión, profecía y sabiduría”. (Pág.12)

[6] “Nuestra Vida contemplativa, una manera de ser y estar en el mundo”. (Pág.1)

[7] “Nuestra Vida Religiosa Asunción por caminos de comunión, profecía y sabiduría”. (Pág.12)