Religiosas de la Asunción de Centroamérica y Cuba

Un camino de santidad

“La oración de Santa María Eugenia, un camino de santidad.”

Hacia el descubrimiento de Dios…

Rezar no lo es todo –para María Eugenia-, hay que rezar con actos, y si se hiciera alguna cosa buena Dios descendería… Se aventura en la búsqueda de su propia vocación, pero esencialmente en aquello que Dios quiere para ella. Busca las bases de su fe, se sabe cristiana, se cuestiona y progresivamente descubre a Dios como amor y se atreve a decir: “Dios es amor; si amo, Dios está en el fondo de mi corazón, Dios es santo, Dios estaría en mí si llego a ser santa; Dios es verdad, si amo y creo la verdad, también poseeré a Dios.” (MME 1837)

Hacia la profesión perpetua

La fe  que descubrió delante de Dios, fue para María Eugenia compromiso, sed de Dios mismo, deseo de unión profunda, continua conversión. Su vocación es una llamada que no deja de resonar en su corazón, y en la Navidad de 1844 llega como ofenda total a Dios, “Me abandono a ti sin reserva”, son las hermosas palabras que nos desvelan su adhesión a Dios.

El paso hacia Dios…

En los últimos años de la vida de María Eugenia podemos descubrir en ella una unión tan profunda, marcada por el desprendimiento gozoso de la etapa final. Su fidelidad cotidiana, sus resoluciones renovadas con constancia, el deseo profundo de ser toda de Dios, su confianza en la Virgen María, su pasión y celo por hacer presente el Reino de Dios, su tierno amor al Santísimo Sacramento… guiaron su camino y su Sí perpetuo.